martes, 14 de febrero de 2017

Te quiero

Te quiero. La frase inacabada más bonita de la historia de la humanidad. Y es que de finalizarla perdería todo su encanto. Pues no es tan bonito escuchar: "Te quiero para que me cocines", "te quiero para que me laves la ropa", "te quiero para que me dejes los apuntes" (algo muy común cuando uno va a clase). Hay otras variantes de esta oración que gustan más como: "Te quiero para que me abraces", "te quiero para que me acaricies", "te quiero para sentirte a mi lado". Pero detrás de ellas también hay un objetivo que marchita la esencia del querer en estado puro. Como una rosa en un florero con petróleo.
Yo quiero que me quieras, pero si no me quisieras tampoco podría dejar de quererte por más que quisiera. Pues por más que uno quiera no es dueño de a quien se quiera. El querer no tiene dueño ni explicación, no hay fórmulas matemáticas para lograr que a quiera a b y b quiera a a: a . Q . b = b. Q .a
Yo he dejado de pensar en por qué te quiero, porque por más que lo pienso he llegado a la conclusión de que simplemente te quiero.

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