Breve pero intenso: 88 escalones hacia abajo, abrir la el portal, depositar una bolsa de envases en el contenedor amarillo y otra de deshechos naturales en el orgánico, comprobar que era día de celebración para los testigos de Jeová de debajo de casa y volver. Lo que más tiempo me ha llevado ha sido encontrar las llaves para poder salir de mi morada (unos 10 minutos largos).
Supongo que esas cosas pasan cuando una lleva dos días sin salir de casa. Este autosecuestro se debe a que tengo que estudiar y que mañana es el gran día.
Llevo un mes entre apuntes, pero en estos dos días parecen haber habido una orgía de celulosa y polipropileno o polietileno (no estoy muy segura), dando como resultado más hojas, de tal manera que si ahora me preguntas: -Comment
tu t'appelle?
Puede que te responda: -No, aún no como papel, me queda algo de comida en la nevera, pero como me cruze con Ferdinad de Saussure, padre de la lingüística e inventor de todos y cada uno de mis problemas, le serviré un surtido variado de canapés de sus principios constitutivos del texto y de su dicotomía establecida entre lengua y habla.
Si me encuentro a E.Lang le pido que me explique en qué se diferencia su marco de integración global con la macroestructura global de T.A. van Dijk. Como este último vaya al mismo super que yo le preguntaré que si no ha tenido suficiente con que sus paisanos piratas saquearan la capital hace unos 400 años y mandaran hace relativamente "poco" una campana para pedir perdón. Quizás por ello me torture con la naturaleza semántico-pragmática de su MG. ¿Acaso pretende que su teoría provoque campanazos en mi cerebro?
A Dressler y a De Beaugrande los felicitaré, por ser unos de los pocos que se ponen deacuerdo en algo, aunque lamentablemente su teoría no sea la que entre en el examen, pues mis docentes prefieren a E.Coseriu que es más puntilloso y cuyo estudio es más largo y complejo.
También he sacado en claro que si Julia Kristeva y R. Barthes se hubiesen conocido hubiese habido boda.
Os preguntaréis: "¿pero qué tipo de infusión caducada se ha tomado Lemon hoy que se le entiende menos que de costumbre, que ya es poco?". Pues bien, no soy yo, es la voz de la frustración la que ha hablado. Explicarle linguística textual a un tarro de mermelada de albaricoque no puede ser sano. Encerrarse en casa no es sano. Y matar de aburrimiento a quien lea este post tampoco lo recomiendan en "Saber vivir". Pero tener dolor de cabeza y darte cuenta que el único antipirético efecaz que tienes es un limón provoca este tipo de delirios.
domingo, 2 de septiembre de 2012
sábado, 25 de agosto de 2012
El chico de la sonrisa
En una boda te vi. Tu sonrisa fue lo primero que me llamó la atención de ti. No conocías a los novios y te aburrías porque a quien habías acompañado
se divertía sin ti. De buenas a primeras decidiste marcharte a buscar música más animada por otra parte.
No sé lo que encontraste porque nunca me lo contaste, pero está claro es que no te entretuvo porque volviste. Me sorprendiste pues no esperaba verte más. Aún así, charlamos y reímos como si de toda la vida nos hubiésemos conocido. Conseguí ponerte con los dientes lasrgos al describirte el postre que te habías perdido. No bailaste conmigo porque te daba vergüenza. No obstante, te ofreciste a congelar con la cámara los momentos felices de la noche.
Entre foto y foto descubrí que conducir te encantaba; que, pese a ser tan joven, habías acabado la carrera y ya trabajabas; que tu pasión eran los ordenadores y que te gustaba practicar deporte y estar con los tuyos. Me demostraste que eras un buen amigo porque, pese a aburrirte como una ostra conmigo, te quedaste.
La media noche se acercaba y, aunque no era Cenicienta, mi tiempo se agotaba. Debía dormir un par de horas antes de montarme en el tranvía, coger dos trenes y dos aviones antes de llegar a mi nuevo destino.
Como buen informático maniático no me diste tu correo. No esperaba otra cosa, pues durante la noche me había dado tiempo de descubrir que había una parte de tu profesión a la que temías a la vez que respetabas y con mucho cuidado tratabas. Lo que nunca me hubiese imaginado es que otra de tus pasiones hubiese podido acabar contigo.
Esta mañana cuando abrí el correo supe que algo malo te había pasado. Recibí un link de lo que parecía ser un blog tuyo. Extrañada empecé a leer y descubrí que lo habían abierto tus más allegados para recordarte. No sé si allá donde quiera que estés tendrás internet, pero como veas la cantidad de fotos y datos tuyos que circulan por la red puede que pongas la misma cara que cuando viste a la recién casada dándome un beso en la boca su marido al lado. No tardaste en entender que simplemente era una muestra de cariño de unas amigas que nunca se ven (y unos tacones traicioneros que te hacen perder el equilibrio). Así pues, me regalaste una de tus mejores sonrisas. Una que nunca olvidaré.
No sé lo que encontraste porque nunca me lo contaste, pero está claro es que no te entretuvo porque volviste. Me sorprendiste pues no esperaba verte más. Aún así, charlamos y reímos como si de toda la vida nos hubiésemos conocido. Conseguí ponerte con los dientes lasrgos al describirte el postre que te habías perdido. No bailaste conmigo porque te daba vergüenza. No obstante, te ofreciste a congelar con la cámara los momentos felices de la noche.
Entre foto y foto descubrí que conducir te encantaba; que, pese a ser tan joven, habías acabado la carrera y ya trabajabas; que tu pasión eran los ordenadores y que te gustaba practicar deporte y estar con los tuyos. Me demostraste que eras un buen amigo porque, pese a aburrirte como una ostra conmigo, te quedaste.
La media noche se acercaba y, aunque no era Cenicienta, mi tiempo se agotaba. Debía dormir un par de horas antes de montarme en el tranvía, coger dos trenes y dos aviones antes de llegar a mi nuevo destino.
Como buen informático maniático no me diste tu correo. No esperaba otra cosa, pues durante la noche me había dado tiempo de descubrir que había una parte de tu profesión a la que temías a la vez que respetabas y con mucho cuidado tratabas. Lo que nunca me hubiese imaginado es que otra de tus pasiones hubiese podido acabar contigo.
Esta mañana cuando abrí el correo supe que algo malo te había pasado. Recibí un link de lo que parecía ser un blog tuyo. Extrañada empecé a leer y descubrí que lo habían abierto tus más allegados para recordarte. No sé si allá donde quiera que estés tendrás internet, pero como veas la cantidad de fotos y datos tuyos que circulan por la red puede que pongas la misma cara que cuando viste a la recién casada dándome un beso en la boca su marido al lado. No tardaste en entender que simplemente era una muestra de cariño de unas amigas que nunca se ven (y unos tacones traicioneros que te hacen perder el equilibrio). Así pues, me regalaste una de tus mejores sonrisas. Una que nunca olvidaré.
miércoles, 25 de julio de 2012
El amor en tiempos del cólera III
Junio de 2012:
Ni frío, ni calor, solo insomnio. Leyendo La Ilíada en inglés para intentar conciliar el sueño. No era la lectura adecuada, pero no quería serle infiel a tanto griego y a tanto romano, pues su venganza podía llegar a ser mortal para mi consciencia. Dos manzanillas después, era hora de plantarle cara a la estantería. Necesitaba algo en español que no hubiese leído y que no enganchase, ya que la intención era volver a los guerreros al día siguiente. Debía elegir entre un tratado de lingüística general de Ferdinand de Saussure o Amor en los tiempos del cólera.
La segunda opción parecía la más acertada, ya que era impensable engancharse a semejante argumento.
El libro comienza con una muerte, otra cosa no era de esperar, pues nos encontrábamos frente a un dramón en toda regla. Pero no iba a ser el argumento, que vagamente recordaba, el que provocara la lectura compulsiva de las primeras 100 páginas. Las descripciones de los lugares y la jerga de la época empleada en los diálogos de los personajes hacen que podamos sentir la brisa del Caribe en nuestas propias carnes e incluso podamos escuchar a los micos y a los loros de entre la arboreda. Pese a las altas horas de la madrugada en la que nos encontrábamos leyendo esas páginas el sol abrasador parecía brillar más fuerte que a la hora de la siesta. Mientras nos adentramos en el río podemos incluso oler la pestilencia de los cuerpos putrefactos que flotan en sus aguas y ver cómo los cocodrilos dejan sus bocas abiertas para engañar a las preciosas mariposas que revolotean ajenas al cólera. En el Parque de los Evangelios escuchamos La Diosa Coronada del violín de Florentino Ariza. Lo contemplamos mientras lee poesías que de memoria se sabe. Fermina Daza finge tomar apuntes mientras contesta a una carta de amor como si de un telegrama se tratase. Vislumbramos incluso los movimientos de su trenza cuando corre y los detalles de su vestimenta. Para más inrri sentimos la tristeza que desprenden las rosas que Florentino Ariza, presa de su sentimiento de culpa, planta junto a la tumba de una de sus amantes. El olor de estas con el rocío de la mañana provocan un "efecto cebolla" irremediable.
El orgullo, los celos, las infidelidades, los amores no correspondidos, los matrimonios de conveniencia y las personas vacías tampoco podían faltar.
El autor escribe de una manera preciosa, poética pero sin rima lo que hace que no sea tan sobrecargada.
La cronología del libro no es fija: Cuenta la historia desde el final y luego va secuenciando la vida de los protagonistas y dando más detalles del carácter y de la situación de los personajes.
Así pues, aunque no estéis dispuestos a esperar cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches al amor de vuestra vida, estaremos deacuerdo que a esa edad o a cualquier otra el que no tiene memoria debe fabricarse una de papel (mi frase favorita del libro).
Ni frío, ni calor, solo insomnio. Leyendo La Ilíada en inglés para intentar conciliar el sueño. No era la lectura adecuada, pero no quería serle infiel a tanto griego y a tanto romano, pues su venganza podía llegar a ser mortal para mi consciencia. Dos manzanillas después, era hora de plantarle cara a la estantería. Necesitaba algo en español que no hubiese leído y que no enganchase, ya que la intención era volver a los guerreros al día siguiente. Debía elegir entre un tratado de lingüística general de Ferdinand de Saussure o Amor en los tiempos del cólera.
La segunda opción parecía la más acertada, ya que era impensable engancharse a semejante argumento.
El libro comienza con una muerte, otra cosa no era de esperar, pues nos encontrábamos frente a un dramón en toda regla. Pero no iba a ser el argumento, que vagamente recordaba, el que provocara la lectura compulsiva de las primeras 100 páginas. Las descripciones de los lugares y la jerga de la época empleada en los diálogos de los personajes hacen que podamos sentir la brisa del Caribe en nuestas propias carnes e incluso podamos escuchar a los micos y a los loros de entre la arboreda. Pese a las altas horas de la madrugada en la que nos encontrábamos leyendo esas páginas el sol abrasador parecía brillar más fuerte que a la hora de la siesta. Mientras nos adentramos en el río podemos incluso oler la pestilencia de los cuerpos putrefactos que flotan en sus aguas y ver cómo los cocodrilos dejan sus bocas abiertas para engañar a las preciosas mariposas que revolotean ajenas al cólera. En el Parque de los Evangelios escuchamos La Diosa Coronada del violín de Florentino Ariza. Lo contemplamos mientras lee poesías que de memoria se sabe. Fermina Daza finge tomar apuntes mientras contesta a una carta de amor como si de un telegrama se tratase. Vislumbramos incluso los movimientos de su trenza cuando corre y los detalles de su vestimenta. Para más inrri sentimos la tristeza que desprenden las rosas que Florentino Ariza, presa de su sentimiento de culpa, planta junto a la tumba de una de sus amantes. El olor de estas con el rocío de la mañana provocan un "efecto cebolla" irremediable.
El orgullo, los celos, las infidelidades, los amores no correspondidos, los matrimonios de conveniencia y las personas vacías tampoco podían faltar.
El autor escribe de una manera preciosa, poética pero sin rima lo que hace que no sea tan sobrecargada.
La cronología del libro no es fija: Cuenta la historia desde el final y luego va secuenciando la vida de los protagonistas y dando más detalles del carácter y de la situación de los personajes.
Así pues, aunque no estéis dispuestos a esperar cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches al amor de vuestra vida, estaremos deacuerdo que a esa edad o a cualquier otra el que no tiene memoria debe fabricarse una de papel (mi frase favorita del libro).
martes, 24 de julio de 2012
El amor en los tiempos del cólera II
Viena, -20ºC, un frío que pela y que hasta las pestañas congela (literalmente).
Ese mismo limón hecho granizada se baja de un tranvía de la Guerra Fría para ir a la casa de su Tandem (un ser muy útil, imprescindible si quieres aprender alguna lengua). Era una de esas visitas semanales que se habían convertido en rutina desde octubre. Y, como el roce hace el cariño y la confianza da asco, pregunta el limón:
-¿Quieres que te traiga algo de Canarias cuando vuelva? (Pensando en un mojo, un paquete de gofio, unas ambrosías o unos chorizos de Teror).
-Sí, traeme un libro de amor que sea muy pero que muy romántico. Uno que me haga llorar.
En la que te has metido Lemon, pero si tú de eso no entiendes.
En la librería (Novelas de bolsillo).
Hay gente a la que se le da bien hacer regalos. No es el caso de Lemon. Además, regalar un libro que no ha leído va un poco en contra de sus principios. De pronto experimenta una especie de flashback al ver una portada. ¡Anda! Gabriel García Márquez. No recordaba la trama con exactitud: Un amor no correspondido debido al estatus social, un montón de amantes y un porrón de años esperando al ser amado. Era lo más parecido a algo que hubiese leído y tenía la certeza de que iba a ser más empalagoso que un Sacher-Torte (típico dulce vienés de chocolate más seco que una mojama) sin nata.
Enero de 2010:
495 páginas bien envueltas llegan a su destinataria. Era perfecto. ¿Qué podía fallar? Abre el paquete. Atenta a su cara, esperando una sonrisa: Es cierto, este ejemplar debería ir acompañado de un paquete de cleenex, pero tampoco es para poner esa cara mexcla entre desilusión y vergüenza.
-¿Qué pasa?.
-Ya lo tengo, lo siento. Encima en español, en alemán y en italiano.
Alguien se había adelantado. No quedaba más remedio. Tenía que traer otro. Esta vez nada de sorpresas. Lo primero es saber si tiene el libro. Así pues, Amor en los tiempos del cólera voló de nuevo para quedarse en la estantería cogiendo polvo.
¿Os ha pasado alguna vez algo similar?
También te puede interesar: la entrada anterior
domingo, 15 de julio de 2012
El amor en los tiempos del cólera I
14 de febrero de 2008:
Hacía calor, pese a que era pleno invierno. Esa misma mañana la exótica playa de Arguineguín estaba llena de toallas y cuerpos que parecían espolvoreados con azúcar glass o que lucían un moreno esplendoroso, propio del mes de agosto. Todos ellos embutidos en minúsculos bañadores de colores chillones que hacían sangrar las pupilas. No era de extrañar, pues esos bustos, lejos de esbeltos, habían tenido poco tiempo para recuperarse de los excesos de las Navidades. Fueran o no delgadas, no podían faltar las gambas andantes que producían dolor con tan solo mirarlas. Pensar en la noche que iban a pasar estremecía al menos empático.
Por la tarde ya se podía andar por la calle sin quedar pegado cual chicle al los adoquines. Tocaba sesión de cine en el no tan exótico barrio de Vecindario. Un asiático nada maniático y un limón sin opinión coinciden en que la película es una escusa para comer palomitas. Y a falta de rubia que decidiese había una turca loca que abrió la boca para elegir el film que hoy toca: Uno con pinta de dramón al que acudirían solteronas del montón y las que no lo son. Una peli de "cortarte las venas", triste como ella sola. Toda una terapia de choque para quien pensase que su vida no podría ir a peor y acabar convencido de que uno vive en un cuento de hadas.
Dos párrafos después, he de confesar que el limón se quedó en estado cítrico casi en los anuncios. De vez en cuando recuperaba la consciencia y veía a Javier Bardem con alguna moza de buen ver con ropa del siglo XIX. Para justificar la conducta poco respetuosa diré que tan solo tenía 18 años y el sentido del romanticismo menos desarrollado que un cáctus sin flores.
A día de hoy aún no he vuelto a ver la película, pero creo que merecería la pena pues hay un momento para cada película y una película para cada edad. ¿La habéis visto? ¿Pensáis que al volver a ver un film podemos apreciar detalles que se nos pasaron por alto en un principio o lo que ha sido así nunca cambiará? ¿Alguna vez habéis ido al cine "por ir" sin intención de ver nada en concreto o lo pensáis con detenimiento?
Continuará...
Hacía calor, pese a que era pleno invierno. Esa misma mañana la exótica playa de Arguineguín estaba llena de toallas y cuerpos que parecían espolvoreados con azúcar glass o que lucían un moreno esplendoroso, propio del mes de agosto. Todos ellos embutidos en minúsculos bañadores de colores chillones que hacían sangrar las pupilas. No era de extrañar, pues esos bustos, lejos de esbeltos, habían tenido poco tiempo para recuperarse de los excesos de las Navidades. Fueran o no delgadas, no podían faltar las gambas andantes que producían dolor con tan solo mirarlas. Pensar en la noche que iban a pasar estremecía al menos empático.
Por la tarde ya se podía andar por la calle sin quedar pegado cual chicle al los adoquines. Tocaba sesión de cine en el no tan exótico barrio de Vecindario. Un asiático nada maniático y un limón sin opinión coinciden en que la película es una escusa para comer palomitas. Y a falta de rubia que decidiese había una turca loca que abrió la boca para elegir el film que hoy toca: Uno con pinta de dramón al que acudirían solteronas del montón y las que no lo son. Una peli de "cortarte las venas", triste como ella sola. Toda una terapia de choque para quien pensase que su vida no podría ir a peor y acabar convencido de que uno vive en un cuento de hadas.
Dos párrafos después, he de confesar que el limón se quedó en estado cítrico casi en los anuncios. De vez en cuando recuperaba la consciencia y veía a Javier Bardem con alguna moza de buen ver con ropa del siglo XIX. Para justificar la conducta poco respetuosa diré que tan solo tenía 18 años y el sentido del romanticismo menos desarrollado que un cáctus sin flores.
A día de hoy aún no he vuelto a ver la película, pero creo que merecería la pena pues hay un momento para cada película y una película para cada edad. ¿La habéis visto? ¿Pensáis que al volver a ver un film podemos apreciar detalles que se nos pasaron por alto en un principio o lo que ha sido así nunca cambiará? ¿Alguna vez habéis ido al cine "por ir" sin intención de ver nada en concreto o lo pensáis con detenimiento?
Continuará...
lunes, 9 de julio de 2012
Libros boomerang
Tomar una taza de té junto a la ventana mientras leemos un libro puede convertirse en un viaje en el tiempo. Ese marcapáginas casero con sus motivos dorados, que en su día te regaló cierta amiga, mantiene el libro abierto por la misma página desde hace horas. Una frase nos ha distraido y nos ha hecho levantar la vista al frente y mirar al vacío. En nuestra mente un torbellino de ideas nos hace divagar de forma vertiginosa, mientras, en la novela el tiempo se ha detenido y la trama permanece congelada como si de un fotograma se tratase. Nos encontramos frente a nuestra propia historia.
Tal día como hoy hace años, puede que esa ventana no existiera, que el autor de esa novela no hubiese nacido o que aún no la hubiera escrito; incluso, puede que eso dé igual, pues nosotros por aquella época aún no dominábamos el arte de la lectura y de poco nos hubiese servido ese conjunto de ideas, expresadas mediante palabras enlazadas con sentimientos, esparcidas por las distintas páginas unidas entre sí. Pero si viajamos a un pasado más cercano y recordamos el día que ese libro llegó a nuestras manos, nos daremos cuenta de que el libro es un ente pasivo y que para venir debió que ser transportado por un tercero. Muchos libros acaban en la hoguera porque sus dueños recordaron quién los hubo regalado. Otros muchos quedan olvidados en estanterías llenas de polvo en vez de ser devueltos a sus dueños que anhelan releerlos.
Esos propietarios lejanos de esas obras sin miembros desearían que sus páginas se enrollaran entre sí y formaran un boomerang para poder escapar así de las garras de sus prestatarios y volver a los brazos de quién los echa de menos.
"Treue Sprunge", "Crónicas de Narnia", gramática inglesa, gramática alemana volved con mami que os extraña mucho.
viernes, 6 de julio de 2012
La tetería de las carpitas
| Parque Doramas |
-Empezó a leer y a leer y a leer. Conseguía cansarse pero no dormirse. Cambió de actividad.
-"Es hora de mejorar mi gramática inglesa", pensó. Cinco temas después decidió dejarlo para el día siguiente (y hasta después de un mes no retomó su propósito).
-Eran las cuatro de la mañana ya. Por aburrimiento y la necesidad de calmar su intranquilidad con una actividad pasiva decidió encender el ordenador. No había nada nuevo en las páginas de chorradas que solía visitar. Ya lo había leído todo, incluso los artículos de una amiga suya que tenía un blog muy interesante. "Eso de tener un rinconcito tiene que estar bien para desahogarte sin vergüenza alguna (ACIERTO). Total, nadie te va a leer (ERROR).
En esa noche de desvelo se empezaron a colocar los primeros ladrillos de esta tetería que poco a poco ha ido creciendo (pese a la crisis). Curiosamente nunca se ha hablado de ningún tipo de té en concreto. Da la impresión de que la infusión solo sea una mera escusa para pasar un buen rato.
No obstante, después de 18 entradas, ha sido visitada 1764 veces y tiene 21 adictos al té afiliados. Todo esto en tan solo
UN AÑO.
Así pues, muchas gracias:
-a los que pasáis de vez en cuando a tomar un té verde, rojo o negro.
-a los que entráis a leer el periódico sin dejar ni rastro.
-a los que comentáis y rellenáis los crucigramas.
-a mis adictos al té, ¡pobrecitos míos!
-y a los que echáis de comer a las carpitas :)
-a los que pasáis de vez en cuando a tomar un té verde, rojo o negro.
-a los que entráis a leer el periódico sin dejar ni rastro.
-a los que comentáis y rellenáis los crucigramas.
-a mis adictos al té, ¡pobrecitos míos!
-y a los que echáis de comer a las carpitas :)
Las carpitas del blog se alimentan de visitas y de comentarios. En cambio, las del parque Doramas aprovecharon el pan que me sobró la semana pasada y están igual de contentas.
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