Hoy hace un mes que me apunté a la cocheescuela, pero no he avanzado tanto como esperaba. ¿Quién sabe? quizás esta historia termine como la de la liebre y la tortuga y acabe por llegar a la meta.
Por el contrario, a la piscina me apunté ...hace 13 días y tengo la sensación de que mi transformación de pidra a sirenita va por buen camino:
-He averiguado cómo se respiraba debajo del agua.
Todo un descubrimiento para alguien que le tiene más miedo al H2O que un gato.
-He conseguido hacer "pies" saltando, porque la altura de la piscina es de 1'60 m y no me llegan los pinreles al fondo.
Una que es una canija... Pero si una no quiere desanimarse, lo mejor es no mirar a los otros
canijos,
Gremlins, digo "niños", porque una puede acabar profundamente deprimida y si se llega a ese
pozo sin fondo no hay
socorrista que te salve. Tienen demasiada energía y contra eso una no puede luchar.
La clave está en conseguir mantenrse a flote y no acabar cual
Titanic. En caso de preveer un hundimiento inmediato hay que gritar con ganas
(es mi alarma anti-hundimiento) y si el monitor no te ignora no terminas como el
Concordia.
Una vez superado el pánico, cuando ya abres los ojos debajo del agua para ver los pies y demás extermidades de de bichitos acuáticos una se aficiona al cloro.

Y es que la
flora y fauna de un estanque piscinal es muy peculiar:
-Primero, tenemos a los
veteranos, esos seres que, aparentemente, han conseguido desarrollar una anatomía propia para el medio "natural", cuenta la leyenda que algunos tienen hasta branquias, aunque no puedo asegurarlo.
-Después, nos encontramos con los que
aún recuerdan los primeros días en el charco, cuando ese líquido era un duro contrincante al que solo podían vencer al unirse a él. Ahora, estos no tan veteranos recuerdan esa época con cariño al ver a los nuevos grumetes que se han unido a la flota.
-Y esos somos nosotros, los
renacuajos que chapotean en un mar de risas
(que hacen que te hundas) y lágrimas producidas por los reiterados ataques de risa
(que tampoco ayudan a mantenerte a flote porque hacen que suba el nivel de la piscina y no es precisamente óptimo).
La diferencia es que a nosotros no nos van creciendo las patitas mientras nos desarrollamos, sino que a medida que pasa el tiempo vamos usando más extermidades que al principio, porque las soltamos del
bordillo. Después, intentamos coordinar las inferiores y las superiores de manera gracil...y mientras eso ocurre creamos
estilos acuáticos no reconocidos pero dignos de mención. No voy a hablar del
crol o del
estilo mariposa...eso lo distingue cualquiera. Más bien nos dedicamos a hacer "
el perrito" con la cabeza bien fiera del agua, "
el barco" chapoteando bien con los pies
(hay dos variantes: una con tabla, y otra sin ella), "
el tiburón" con un movimiento de pies más discreto y empujando un churro
rosa, "
la medusa"
(este estilo es propio del monitor chapoteador y consiste en acercarse a alguien por debajo de la superficie y tocarle un pie ¬¬) y también "la bicicleta" con ayuda de un churro verde entre las piernas. Pero el que más "mola" y que una servidora ha acuñado es el de "
sevillana acuática" que consiste en imitar el estilo "
braza" sin éxito alguno y con ayuda de un churro también
verde, pero esta vez mordido por algún
manifestante de cinco años que defendía su derecho a
una merienda digna. Es que con esto del miedo a los
cortes de digestión están los chiquillos a dieta a base de
cloro y
plástico de churro. Al parecer, este estilo recuerda a una
sevillana (no pretendo faltar el respeto a nadie) que no para de bailar dentro del agua. Desplazarte, lo que se dice desplazarte no te desplazas mucho, pero haces ejercicio y pillas
"color" (bronceado, rojo, rosa o escamado, dependiendo de la ausencia o no de protector solar).
Servidora, cansada como una
perra que monta en
bicicleta dentro de un
barco se cae al agua y le pica una
medusa tras volver de la
feria de abril, va a echarse aceite de romero y a beber aguita con
cloro azúcar que dicen que va muy bien para los dolores musculares.